|
vientos estéreo prensa Director: Hernando Urrutia Vásquez. Equipo humano: Carlos Acero Rincón, Sigifredo García Sánchez, Jorge Londoño Lugo, Germán Acero Rincón, Hernán Riaño, José Luis Prieto, Pedro Aldana Compañeros y compañeras hemos querido implementar la información a través del ejercicio de escribir, para complementar lo que sale al aire y lo que su puede plasmar en escrito. Es nuestra intención enraizarnos en las comunidades y lo escrito lo facilita. A partir de ahora, periódicamente haremos la publicación de algunos temas no sólo por la página Webb sino mediante correos que recibirán de ahora en adelante. Uno de los temas sobre el tapete en lo actual de la administración Petro, es las posiciones encontradas, unas a favor otras en contra, que es necesario detenerse a pensar. Lo primero que uno podría decir es que la campaña por la presidencia, proporcionó al candidato Gustavo Petro las herramientas sociales para hacer propuestas aterrizadas, más allá del discurso en donde el líder va por un lado y los habitantes por el otro. Se decía en esa campaña que el mejor programa era el del candidato Petro, Con ese bagaje aumentado con toda la información proveniente del material de las denuncias hechas en el congreso y algunas opiniones recogidas de militantes y líderes y lideresas, se arma en poco tiempo el plan de gobierno Del candidato Gustavo Petro. Uno de los aciertos es la bandera contra la corrupción, que él mismo denunció incluyendo al Polo del cual era figura importante. Muchos políticos han recogido banderas que resultan ganadoras, por circunstancias en las que se encuentra la opinión pública alerta y que se encaminan por la senda que plantea el candidato. Veamos: El Frente Nacional fue avalado por quienes estaban cansados de la violencia y no importó que se instaurara una hegemonía bipartidista a nombre de la democracia, excluyendo a sectores izquierdistas que no acertaban a levantar banderas posibles de mejoramiento social, económico, político y moral, en el lenguaje del pueblo raso. El primer paso para ese Frente Nacional lo dio Rojas Pinilla, creando una sensación de alivio en las poblaciones azotadas por la violencia liberal- conservadora. De ahí en adelante en la historia reciente la clase política ha acertado en la banderas, saben penetrar en el mundo interior de los colombianos y colombianas y triunfan alternadamente las consignas que sintetizan por donde se pueden guiar a los electores. Unas veces es por la paz y otras por la guerra, se violenta el país entero y se repite calcadamente la llamada Violencia y enseguida se levantan las banderas de la paz. En el caso de Bogotá la situación, entonces, es que el fenómeno de Lucho Garzón, al ganarle frente a la opinión pública a unas corrientes que se habían erigido en hegemónicas y que habían vendido la idea de que la única manera de mirar el desarrollo de la ciudad era la de ellos, deja el panorama abierto a políticas alternativas, sabor que recoge Samuel Moreno, pero que su actitud de querer complacer a todo el mundo resulta desencantando esa corriente entusiasta que fue castigada en las urnas. Por no hablar del cuestionamiento de su honradez. Si miramos con detenimiento, las banderas fundamentales del candidato Petro, son las mismas del alcalde Petro. Propuestas hechas al aire sin tapujos y por las cuales votó una importante suma de ciudadanos. Y encontramos entonces que el plan de desarrollo para la ciudad es la materialización administrativamente hablando, de las promesas electorales, Pero lo que se ha venido evidenciando, es que la corrupción no es solamente el robo al erario público, también lo es la utilización del Estado para favorecerse personalmente, eso se evidencia en los precios artificiales del suelo, por ejemplo, en los distintos sectores en los que se hace llave de inversionistas privados y Estado para garantizar las utilidades de su inversión. Esto podría ser otra ¿“confianza inversionista”?. Un caso de mostrar es el llamado “cartucho”, el plan centro, la bajada del estrato del sector de las Cruces, al igual que la depauperización de los barrios San Bernardo, Santos, Santa Bárbara simultáneamente con los planes de construcción en esos mismos sectores. Otro aspecto interesante, es cómo se maneja el concepto de democracia. Mientras el candidato planteaba sus iniciativas y estaban en el aire, podía desenvolverse, pero una vez asume empiezan los problemas desde distintos flancos que van desde acusación de pánico económico hasta de tirano que prohíbe la diversión y el arte del toreo, pasando por la culpa del descalabro económico regional y nacional, por la no construcción de una avenida. Será que todo esto pueden ser consecuencias de su administración, tildada de pésima apenas empezando a funcionar? Será que lo mejor para un candidato es plantear un programa y apenas posesionado ejecutar el del perdedor o el del opositor? Qué debemos hacer las comunidades en este caso? Dejamos hasta ahí nuestras reflexiones e invitamos a alimentar esta página: Hernando Urrutia Vásquez |